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Opinión

#8M – Día Internacional de la Mujer

“El siglo XXI debe ser el siglo de la igualdad de la mujer. Contribuyamos a que lo sea”

-Antonio Guterres – ONU

El 8 de marzo se conmemora la lucha de las mujeres, por lograr su participación equitativa dentro de la sociedad; un incendio en una fábrica de camisas en New York acabó con la vida de más de más de 140 mujeres trabajadoras en 1911, un hito trágico que da inicio a las luchas de reivindicación por los derechos de las mujeres. Hoy en pleno siglo XXI no hemos logrado la plena y efectiva participación de las mujeres en la vida pública, en equitativos espacios laborales, económicos, políticos o culturales, seguimos trabajando por un mundo más igualitario, libre de feminicidios, violencia sexual o acoso laboral, brecha salarial, exceso de carga doméstica y de cuidado o falta de paridad política.

El movimiento #8M es cada vez más amplio, traspasa fronteras, diferencias culturales, económicas o ideológicas de las mujeres en el mundo, su dinamismo es cada vez más avasallante, la reacción ante la injusticia o la exigencia de nuestros derechos llena plazas y exacerba el sentimiento feminista, somos una voz fuerte y persistente en cada rincón del planeta y seguimos siendo eco sonoro donde aún se pretende estereotipar nuestros históricos logros. Es tiempo de reflexión acerca de los avances obtenidos, seguir exigiendo más cambios, celebrar la valentía y determinación de mujeres que han apostado, incluso con su vida, a la consecución efectiva de trasformaciones claves en la igualdad de las mujeres en sus comunidades y países;  el cambio no se trata sólo de grandes titulares en la prensa o reconocimientos,  el cambio es posible a través del activismo colectivo, mediante pequeñas acciones en las casas o barrios, el aprendizaje que logre la descolonización del pensamiento y deconstrucción del patriarcado, espacios de escucha e interacción de mujeres donde podamos compartir experiencias y edificar las estrategias de equidad social que anhelamos.

Pero si bien es cierto, que las mujeres venimos ejecutando una carrera de relevos donde permanentemente entregamos la posta a nuestras iguales, hoy es un imperativo social contar con el apoyo de todos los ciudadanos, que los hombres como muchos ya lo han entendido se involucren en la consecución de sociedades cada vez más igualitarias, donde se comparte la labores de cuidado, se denuncia el sexismo y acoso, se rechazan las posturas ultraconservadoras, se respetan las identidades de género diverso que siempre han existido, se exija una cultura laboral equitativa y se fomente la paridad política.

Es oportuno recordar, que sólo el 25% de los escaños en el mundo les corresponden a mujeres y solo el 7% de los líderes mundiales lo son, números que con claridad indican la enorme brecha en materia de participación, por lo que es necesario hacer un llamado a la confianza, acercamiento y voto por mujeres un sendero estrecho por donde muchas han preferido tomar atajos y perpetuar las diferencias, lo que indica que el camino a la paridad, está plagado de mañas y supuestos de naturaleza machista logrando que,  por ejemplo solo el 19.7% sea la participación de mujeres en el Congreso colombiano (Informe Registraduria Nacional y ONU mujeres), lo que nos deja muy por debajo del margen en Latinoamérica, son más de seis décadas siendo votantes pero los resultados aún no nos dejan margen de ganancia.

El compromiso de ésta fecha #8M, tiene que ir mas allá de una simple celebración, tenemos mucha tarea pendiente, que permita lograr un impacto que socave las bases que mantienen en pie las estructuras patriarcales, que siguen haciendo zancadillas a una sociedad igualitaria y democrática.  El Día Internacional de la Mujer, no es un día, es el llamado permanente de ser oídas, como mujeres fuertes, inteligentes, capaces, lideresas que nos expresamos como iguales y que desafiamos permanentemente los paradigmas de exclusión, generando cada vez espacios donde la sensibilidad social y la ternura esté presta a escuchar los razonamientos del otro, caminando de la mano en el logro del bienestar social. Es una apuesta permanente por el cambio, imaginar una visión de futuro lejos de los estereotipos de género asignados a las mujeres,  donde la opresión, la discriminación y violencias se erradiquen,  un reto, que no vivimos de la misma forma todas las mujeres pero que requiere de todas empatía y acercamiento con las más vulnerables, una misión compleja,  pero no podemos sucumbir ante las realidades por el contrario, entender que ellas atizan el movimiento feminista y fortalecen los sueños de equidad social.

Por : Naid Nuñez Castillo / Columnista de opinión 

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