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Opinión

Anecdotario de pandemia

28 de julio de 2021

Hace unos días fui a que me aplicaran la segunda dosis de vacuna con SINOVAC, estaba afanada y con el deseo de salir pronto de ese compromiso con la vida propia y de todos los que me rodean; decidí ir a la instalaciones de la UIS hoy organizadas como centro de inmunización , llegué  muy temprano, encontrando  una fila de no menos cien personas, lo que muy en el fondo me resulto agradable de ver, me sorprende  cuántas personas están acudiendo para aplicarse la vacuna, pasados unos minutos llego la señora que vende los forritos a mil para el certificado,  quien también funge como “operativa” del proceso y manifestó que los de Sinovac era en otra fila pegados a la pared, salimos corriendo con otro señor y efectivamente encontramos una cola de unas 10 personas que pronto se fue multiplicando pero ya estábamos cerca de la puerta de ingreso.   

Muy pronto salió el “famoso” vigilante universal que con cara  de comandante daba instrucciones respecto de cuál y cómo acceder al servicio, con sus manos en alto haciendo señas cuál auxiliar de vuelo  indicaba con firmeza;  aquí la fila de Pfizer, Sinovac, AstraZeneca  y las otras,  enviaba a embarazadas o lactantes a otra puerta y advertía con rigurosidad “tienen que mostrarme el carnet”;  como lo es todo n nuestra tierra, la cola transcurría entre algunas risas, comentarios médicos, enfermedades y colados, el Señor que estaba delante mío que no dejaba de conversar, decidió gastar una gaseosa para la cual contó con un amigo, quien pronto recibió dinero y en cuestión de minutos se apareció con una Kola Hipinto dos litros y unos vasos desechables, sin mediar protocolo la abrieron y compartieron con los que alcanzó, yo fui la primera beneficiaria, cayéndome al dedillo, ya qué tenía mucha sed bajo ese sol canicular. Así avanzaba la jornada, una dama que estaba detrás de mi puesto me solicitó estar pendiente de ella por si se desmayaba, era una mujer de unos sesenta años, hermosa y jovial pero dijo que padecía de diabetes por eso solicitaba mi colaboración y ella también estaría al pendiente de mí, cuando entramos la organización tenia dispuestas unas sillas, allí nos acomodaron de acuerdo a la dosis pendiente, al lado de mi silla quedo una profesora, ya lo había dicho en la fila, me dijo que estaba perfectamente que tenía muchas ganas de recibir la segunda dosis por que pronto empezaba sus actividades, tal vez en unos treinta minutos o menos ya todos los amigos circunstanciales estábamos vacunados y felices; a la salida, me volví a encontrar con el caballero que brindo la gaseosa, le di las gracias y desee suerte, es posible que nunca en la vida me los vuelva a encontrar o que nos encontremos en alguna esquina sin recordarnos, así son las historias de pandemia, una especie de episodios extraños con algo de comedia y drama dónde todos ahora somos protagonistas, la vida y la muerte se ha entrelazado, la permanente cercanía con quienes han padecido covid,están enfermos, intubados o han fallecido, dejando un profundo vacío mas una sensación de absurda impotencia y los sobrevivientes de este virus mundial qué seguimos apostándole a la solidaridad como la nueva visión de cambio.

Los lazos de ayuda deben ser resultantes del nuevo tejido social de una pandemia, que ha azotado con rigurosidad tanta población, que ha tocado a la puerta de cada corazón dejando muchos destrozados, necesitados del auxilio colectivo, la mano amiga, la palabra oportuna, el abrazo de ternura y la muestra de hermandad de los pueblos. Las democracias modernas se ufanan de la conquista evolutiva por medio de la competencia y la demostración de poder ante el otro, pero el verdadero desarrollo, tiene su esencia en la sensibilidad social y la empatía por el otro.

Todos hemos perdido a alguien, vacunarnos no significa que nos libre del contagio, pero como lo explica la experta viróloga Isabel Sola (Codirectora del Laboratorio del Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología de España CSIC) “Todas las vacunas autorizadas son eficaces protegiendo frente a la enfermedad sintomática, particularmente para la enfermedad severa y la muerte. Pero sólo protegen parcialmente frente a la infección. Esto significa que una persona vacunada puede infectarse y que, al contagiarse puede infectar a otros., Pero lo más probable es que tenga una infección asintomática o leve y con una duración menos que si estuviera vacunado”.

Por aquellos que partieron y por el compromiso de los que estamos aún aquí; Vacúnate por favor.

Naid Nuñez Castillo

Columnista de opinión

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