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Opinión

Delimitación sí, pero no así

Bucaramanga, octubre 6 de 2021

La identificación de los límites del Páramo de Santurbán, es un ejercicio interinstitucional que ya casi cumple 10 años, la participación de todo tipo de expertos académicos, científicos y técnicos del Ministerio de Ambiente y desarrollo sostenible, el Instituto Humboldt y la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga CDMB, ha sido un trabajo con criterio multidisciplinario que parece ser no tiene fin. Delimitar el ecosistema de páramo,  sin duda hoy hemos entendido, obedece a un decisión política, un ejercicio de territorialidad y despliegue de la autoridad ambiental en la regulación de los recursos naturales de toda esa región; lo que requiere un principio de equidad social donde prime el dialogo y la concertación con las comunidades directamente afectadas, ya que su definición no solo puede obedecer a posturas técnicas desde al ámbito del gobierno central, empero sopesar el análisis de las condiciones éticas y sociales del territorio.

La protección de los servicios ecosistémicos, garantizando el mantenimiento del equilibrio ecológico del ecosistema de paramo y el respeto por la construcción cultural ancestral, las actividades económicas de la estructura social de todos los municipios incluidos en ésta decisión, es requisito sine qua non, para que la resolución definitiva de la delimitación sea el punto de coincidencia de identidad del denominado “Gran Santander”, ya que Norte de Santander y Santander han asumido una actitud proactiva, reconociendo su historia natural y la evolución constante de la región. El Páramo de Santurbán se debe entender como un ecosistema dinámico en permanente transformación, sus condiciones y características propias, capacidad de regulación hídrica y demás beneficios deben ser garantizados, así también armonizar con los procesos socioculturales de las comunidades asentadas en el entorno local y regional.

Todos los habitantes de la Provincia de Soto Norte en Santander, siguen en la incertidumbre con la no definición de las condiciones económicas y productivas de su territorio y esperan que esta vez, sí se tenga en cuenta su voz y las necesidades puntuales en el desarrollo de sus actividades, campesinos que se dedican a labores agrícolas, ganaderas o pequeños mineros que les ha cambiado su futuro y rutina debido a las prohibiciones existentes y que entienden que su visión de desarrollo no se limita a la contemplación del territorio, ante las inminentes necesidades a  las que se enfrentan.

Así las cosas, es urgente que sus voces sean escuchadas, en un debate donde debe dárseles prioridad ya que son aproximadamente 98.954 hectáreas protegidas, donde para referirme a un ejemplo exacto, el Municipio de Vetas (Santander) queda absolutamente afectado y limitado, muy a pesar de su historia minera ancestral de más de 450 años.

Hoy en medio de incidente de desacato, el Tribunal Administrativo de Santander contra Carlos Eduardo Correa actual ministro de Ambiente, quien aún no entrega informe de los avances y solicita plazos para nuevas visitas y reuniones, lo que indica la negligencia y falta de diligencia de MinAmbiente. Cierto es, que continúan las mesas de trabajo y la decisión de la delimitación del Páramo de Santurbán sigue en el limbo y esta espera infinita, empieza a resquebrajar la paciencia, el tejido social de los habitantes de las zonas incluidas, creando un clima propicio para el populismo electoral que ha utilizado éste tema de Santurbán como heraldo de sus campañas.

Hoy la crisis de los territorios por delimitar es evidente, los campesinos dan un grito ahogado y la minería ilegal se campea sin Dios ni ley, mientras los pequeños mineros permanecen en vilo, ante la falta de decisión de los órganos del estado, respecto del  proceso de delimitación, que traerá, esperemos, positivas consecuencias a más de 20 municipios  de Norte de Santander y 10 de Santander, que aspiran después de casi 10 años,  que MinAmbiente, la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga y el Instituto Alexander von Humboldt, finiquiten este episodio socio ambiental, que no deja dormir en paz a los paramunos.

Más de 450 especies de flora y fauna, 50 lagunas y  24.000 personas son la razón apremiante,  para levantar las talanqueras jurídicas y ambientales que mantienen al borde del colapso las expectativas de desarrollo de la región, que parece es el fantasma que les acompaña desde siempre;  por lo que esperan que esta vez sus propuestas sean escuchadas con objetividad,  ya que son ellos, los habitantes del páramo quienes han preservado el ecosistema, garantizando que hoy su protección sea una realidad. Para los que desde el Área Metropolitana consumimos mora, aguacate, café, cebolla junca y nos beneficiamos del agua, quedamos a la espera de una decisión pronta y ajustada a las necesidades de la región.

Por: Naid Nuñez Castillo

Columnista de Opinión

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