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Opinión

Efecto pingüino

28 de febrero de 2021

La democracia, aunque tiene una larguísima historia, es difícil de definir: Antes de ofrecer una definición de democracia es importante hablar de sus dificultades, de sus exigencias, y de todo lo que cada uno de nosotros tiene en contra de ella. En estas condiciones un criterio de democracia reclama mucho de nosotros. (Estanislao Zuleta. Educación y democracia, un campo de combate, Corp. lll Milenio)

Los pingüinos son aves marinas no voladoras, que viven en colonias donde puede haber miles de ejemplares conviviendo,  lo que implica una dinámica de comunidad compleja, han adoptado un sistema colaborativo entre macho y hembra basado en dos valores fundamentales el compromiso y la fidelidad, que se mantiene inquebrantable a pesar de la vicisitudes;  sacrificio, ayuda mutua, ánimo conciliatorio permanente,  capacidad de protegerse entre todos del frio del polo sur y los depredadores, para lo cual acuden a permanecer agrupados y apretados unos contra otros de forma que cuando se mueven lo hacen como si de uno sólo se tratase. En las dinámicas políticas que se perciben en el departamento, producto de los intereses “renovadores” de líderes o movimientos ciudadanos, se logra detectar algunos comportamientos encadenados de la visión de democracia que cada grupo aspira, esto no estaría mal si efectivamente dichas acciones fueran producto del reflexivo criterio ciudadano y no del efecto pingüino una característica propia, de los movimientos caudillistas, que siguen ciegamente un propósito que desconocen, pero que alimenta el deseo de lanzarse al abismo por donde lo indique el líder, sin mediar deliberación alguna.

El ambiente en el país y la ciudad, es en su mayoría de personas que están profundamente insatisfechas con el manejo económico en tiempos de pandemia, un sistema “democrático” que brinda oportunidades diferenciales según su estrato, raza, edad o procedencia familiar, dejando por fuera del espectro a los más necesitados, que literalmente dan manotadas de ahogado ante sus infinitas necesidades; desigualdades históricas que han afligido a nuestra sociedad desde siempre, echando raíces y permeando la base social.

 Y lo que augura la agenda político-electoral hace alusión a la siguiente ironía, muchos desde diferentes ángulos de activismo político, flameando banderas de aparente centro, un estratégico limbo desde donde se manipula los desinformados y se les acomoda justo donde posteriormente se les hará saltar al vacío, lo que ya ha sido útil a las condiciones que hoy agobian a los más vulnerables y nos preocupan a todos.

Al mismo tiempo, por ejemplo, se ensaya alternancias en la educación, una suerte de lotería que irá en detrimento de los mismos de siempre, niños pobres en escuelas pobres una fuente inagotable de reproducción de desigualdad, donde se menguan las luchas contemporáneas de identidades colectivas de movimientos indígenas, feministas o cualquier índole. El proceso de construcción identitaria para la acción colectiva como lo logran los pingüinos, requiere altos niveles de gobernabilidad, equidad social, acciones y compromisos integrales; las políticas fiscales que se avecinan, la crisis de la pequeña y mediana empresa, el rampante desempleo de jóvenes y mujeres con la marcada caída de confianza en los partidos políticos es extrañamente la salmuera perfecta para adobar la perpetuidad de nuestros males.

La capacidad de escuchar y unificar, será lo que haga confiar en líderes o lideresas   que aglutinen la visión de país, que debe ser una visión de puertas abiertas, que permita abolir el carácter segregador y excluyente de los discursos politiqueros, que  enfatice en un estado de bienestar donde la sociedad en conjunto sea más inteligente que el individuo, donde lo colectivo sea prioridad y las políticas públicas pasen por el tamiz de lo humanístico, donde se logre el desarrollo integral de los pueblos y no de unos pocos privilegiados.  Nos encontramos nuevamente en calentamiento preelectoral, invadidos de charlatanería de WhatsApp, avivatos que repiten incansablemente que están en contra de la corrupción mientras hacen nombrar hijos, mujeres o cualquier familiar en un puesto público, un nepotismo exacerbado por el poder central, los que  se enriquecen con contratos en la sombra o sus empresas reciben “subsidios”;  azuzan la paz con estadísticas amañadas que torpedean la memoria histórica y la posibilidad de construir un país  donde quepamos todos , un paquete siniestro que genera una depresión de sociedad que requiere oídos prestos a escuchar la pluralidad de opiniones, pensamientos y visiones, desechando los microdogmatismos, con la esperanza que la confrontación de las mismas mejorará nuestros propios puntos de vista y hará viable la búsqueda de un camino de unidad.

Por: Naid Nuñez Castillo

Columnista de opinión

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