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Opinión

El país que quema la cama para que le cambien el colchón

Columna de opinión

Por: Guillermo Henrique Gómez París

Gracias a los que pararon por alejarnos de la salida a esta crisis. Se convirtieron en el combustible que necesitaba el pirómano que incendia al país para alcanzar sus ambiciones. Ruego porque no se hayan contagiado.

La covid-19 golpeó al mundo entero. Mandó al suelo a la economía mundial. Los gobiernos se endeudan para solventar la crisis. Las cuarentenas lesionan los ingresos de las familias. Arriendos, servicios públicos y créditos bancarios son costos que no bajan, mientras las ventas de los comercios sí. Al no dar la ecuación, se destruyen empleos y empresas de forma permanente.

Los sistemas de salud del mundo colapsaron. Ninguno tenía la capacidad para responder a la pandemia. Se impusieron cuarentenas para darle tiempo a los países de habilitar UCI. Las olas de contagio no dieron mucho tiempo. Los muertos pasan de tres millones. El oxigeno escasea en el mundo. Los laboratorios corren la maratón de sus vidas para aportar una vacuna. El mundo entero intenta la salida a este drama.

El mundo civilizado va encontrando una esperanza. Israel elimina el uso de tapabocas. España ya reactiva eventos masivos sin riesgo. Nueva York anuncia reapertura de la vida nocturna. Alemania instala con afán fábricas de oxígeno, mientras intenta auxiliar a India que tiene la epidemia desbordada.

Mientras se esfuerzan por avanzar, hay un país que se hace zancadilla. Un país que le da por parar cuando ya está parado. Un país que se opone a un proyecto de ley que no ha leído. Un país que sale a bloquear las vías por donde se distribuyen las vacunas. Un país que valora más la protesta que el derecho a la vida y al trabajo.

Hay un país donde saquean locales comerciales para bajarle privilegios a los políticos. Un país donde bloquea el transporte de la gente para que no haya corrupción. Un país donde los profesores no trabajan por bioseguridad pero se aglomeran la semana de más contagios. Un país que exige renta básica sin debatir de dónde va a salir la plata.

Esto equivale a quemar la cama para pedir que nos cambien el colchón. Esta estupenda comparación, que me compartía un chef mientras tenía que cerrar anticipadamente el restaurante, no podía ilustrar mejor nuestra actitud. Los ilusos que creyeron que parando se saca el país adelante, propiciaron mas desempleo, hambre y ruina de la que veníamos soportando.

Gracias a los que pararon por alejarnos de la salida a esta crisis. Gracias porque dañaron los ingresos y el trabajo de la gente productiva que hace lo divino y lo humano para no quebrarse. Gracias por dejar sin sustento a cientos de familias que ayer perdieron su trabajo. Pueden colgar ese resultado dentro de la galería de insultos y destrozos con los que llenaron las redes. Se convirtieron en el combustible que necesitaba el pirómano que incendia al país en favor de sus ambiciones. Ruego porque no se hayan contagiado.

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