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Opinión

Luz Helena, Carolina, Manuela, Angie Paola, Hilda, Osiris, Arly Johana, María Angélica…

Jueves, 30 de julio de 2020

“Suponemos dañinos a los que discurren de manera distinta a nosotros, suponemos inmorales a los que no se atienen a nuestra moral. Suponemos escépticos a los que no comparten nuestras ilusiones y ni siquiera nos preocupamos por saber si alientan otras”  Anatole France (El jardín de Epicuro 1895). 

Nombres de mujeres, una fatídica lista de algunas de las víctimas asesinadas en Santander durante el trascurso del año, todas con características propias del delito de Feminicidio, una forma de violencia dirigida por el hecho de ser mujer o por su condición de género (Ley 1765 de 2015). Para referirme de manera muy somera a la historia, debo apuntar que la primera en acuñar ese término fue Diana Russel, activista y escritora feminista quien aún  permanece en las luchas contra la violencia de género, posteriormente en 1990 las feministas latinoamericanas adoptaron esa palabra para referirse a tan execrable crimen, ya en 2009 la Corte Interamericana le llamo de igual forma.

Según la ONUDC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), la mayoría de las víctimas de homicidio son hombres, pero las mujeres suelen ser asesinadas por sus familiares y parejas intimas, siendo en general los causantes  de muertes en el mundo, los hombres, y lamentablemente es al interior de muestras casas donde estamos más inseguras; compleja frase proviniendo de un organismo internacional con suficiente información y datos estadísticos, quien afirma que diariamente son asesinadas aproximadamente 137 mujeres jóvenes en el mundo y que en su mayoría sus victimarios son de su núcleo familiar.

Esta sucinta reseña, nos invita a cuestionarnos críticamente la  forma como estamos reproduciendo las violencias en nuestro país  y en especial en nuestro departamento, donde de manera diaria nos enteramos de hechos violentos contra mujeres y niñas. La desigualdad social desempeña un papel importante en el modo de tomar conciencia de cuales vidas nos importan y cuales merecen permanecer en nuestra memoria colectiva. Todas ellas nos hacen falta, nos duelen y fueron asesinadas no por lo que hicieron sino por lo que otros perciben que son, una sociedad de fórmulas y estereotipos donde se considera la vida de las mujeres prescindible o carente de valor, naturalizando cada vez más la violencia, reproduciendo las estructuras sociales de dominación, donde micromachismos y violencia simbólica se imponen en publicidad, redes, mensajes y en nuestras casas, con frases como, -Se lo buscó por andar así vestida. – Ese color es de niña, -Detrás de un hombre siempre hay una gran mujer, – Fue un crimen pasional, y otras tantas que se han sembrado en el lenguaje social y permanente de las ciudades.

La violencia ha estado presente en los relatos de la humanidad, gran parte de la historia está escrita con sangre y ella es más incisiva en contextos de dominación, desigualdad y exclusión, la ideología patriarcal, la falta de oportunidades laborales y económicas señaladas en estadísticas, la invisibilización en los procesos políticos o electorales, los antecedentes culturales, son instrumentos de intimidación constante;  por lo que resulta necesario profundizar en la matrices  culturales santandereanas, estableciendo un dialogo que rompa con los esquemas de sometimiento que aún permanecen en nuestro territorio y que dejan por lo menos nueve (9) Feminicidios en el Departamento (Fuente/ Observatorio ciudadano del feminicidio-Santander). Sin embargo, seguimos interiorizando ese concepto de amor romántico en todo lo que nos rodea, el amor y la vida en una permanente balanza, donde aguante lo que se aguante se construye en función del sacrificio o el dolor, morir de amor literalmente, poniendo la vida en juego y perdiendo.

Es un delito de odio con casi  un 40% de impunidad, donde las circunstancias violentas previas se desatienden o se minimizan por funcionarios u organismos incompetentes, generando un clima favorable para los agresores y el escalamiento de sus conductas que dan resultado a esas nefastas cifras que llenan registros y vacían ilusiones. 

Queda abierta la inmutable agenda de verdad, justicia y reparación para todas las víctimas de una patología sociológica a la que nadie puede dar la espalda, no podemos ser una ciudadanía envilecida, desmemoriada cómplice, donde creamos que el compromiso solo compete al Movimiento feminista o las organizaciones que los representan; a quienes damos especial reconocimiento ya que han asumido con valentía el acompañamiento de cada una de las familias víctimas  de estos abominables crímenes que enlutan y dejan una alerta roja en cada una de nuestras vidas.

Una de las innumerables consignas #NoEsHoraDeCallar!!!!!, La violencia física, psicológica, sexual, económica, laboral, institucional, simbólica, deben ser objeto de permanente preocupación del Estado y de los gobiernos regionales que yacen impávidos ante la arremetida machista. La vida, integridad y dignidad de una mujer es asunto de todos y todas, no podemos robustecer la postura negacionista o la negligencia sistémica jurídica que perpetúa el abordaje de los hechos punibles que tipifican el feminicidio, resquebrajando el tejido social y cercenando vidas de mujeres.

Estamos llamados a proponer  acciones para detectar y prevenir de manera oportuna la  violencia contra la mujer  y de género, un olfato sensible, que logre hacerlo visible y denunciar;  ese es primer gran paso, que puede salvar vidas.

#NiUnaMenos #MeToo #NiUnaMas

«El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal» Simone de Beauvoir

Por: Naid Nuñez Castillo

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