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Opinión

Pobreza menstrual

Bucaramanga, Julio 18 de2022

“Los derechos humanos son derechos de todo ser humano en virtud de su dignidad humana. La menstruación está intrínsecamente relacionada con la dignidad humana, cuando las personas no pueden acceder a instalaciones de baño seguras y medios seguros y eficaces de manejo de la higiene menstrual, no pueden manejar su menstruación con dignidad. Las burlas relacionadas con la menstruación, la exclusión y la vergüenza también socavan el principio de la dignidad humana.

La desigualdad de género, la pobreza extrema, las crisis humanitarias y las tradiciones nocivas pueden tornar la menstruación en una etapa de estigma y privaciones, que puede socavar su disfrute de los derechos humanos fundamentales. Esto es cierto para las mujeres y las niñas, así como para los hombres transgénero y las personas no binarias que menstrúan”. (Fondo de Población de la Naciones Unidas UNPA)

Así doy inicio a un tema cotidiano, real y rutinario en la vida de las personas menstruantes, circunstancias donde muchas mujeres fuimos protagonistas de primera mano, traer a la memoria los años escolares donde en esos periodos, llevábamos en el bolso escolar las toallas sanitarias para resolver lo personal o servir de salvavidas a alguna compañera, innumerables situaciones en donde la vida, dignidad, vergüenza e higiene salían  a flote de manera pública y en muchas de ella no teníamos la forma económica de solventar el incidente. Pero estas escenas pueden de alguna forma romantizar el grave problema por el que atraviesan muchas personas en el país y el mundo, mujeres, niñas, adolescentes y personas menstruantes que en un contexto de pobreza, marginación o aislamiento, no cuentan con garantías sanitarias o insumos para la gestión menstrual, lo que implica no contar con toallas sanitarias, compresas, copa menstrual, tampones, agua potable, inodoros, lavamanos y el mínimo conocimiento de medidas de higiene, sumado a la carencia  de depósitos adecuados para la gestión de residuos; de tal forma, que en esas condiciones de exclusión se incrementa la deserción escolar, el estigma de la persona menstruante, se golpea su condición económica y por tanto se disminuye la capacidad para hacer frente a sus condiciones de salud, higiene y autocuidado.

Según el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas) 748 mil personas no pueden acceder a elementos higiénicos (Encuesta pulso social agosto 21.2021), así las cosas, muchas personas menstrúan en situación de pobreza y vulnerabilidad, circunstancias puntuales que incrementan la desigualdad social generando una profunda brecha de inequidad que implica, desmejorar sus condiciones de educación, oportunidad laboral, relacionamiento, todo esto, sin importar la identidad de género.

En Colombia la menstruación  es un tabú, generando estigmas, privaciones y discriminaciones a las personas menstruantes, que por mandato social  se les restringe de actividades escolares, laborales o sociales, trayendo consigo, incluso frases de señalamiento como “estás en esos días”, refiriendo irónicamente a un periodo oscuro en lo físico o emocional que  trasladado a las condiciones de miseria, multiplica la escasez crónica de oportunidades, el  acceso a servicios básicos de calidad, perpetuando las condiciones de pobreza que enfrentan muchas comunidades y limitando la capacidad de decidir sobre su cuerpo, vida o futuro.

Con claridad meridiana se percibe la necesidad de dar un paso hacia la equidad, asignar  prioridad a los programas sociales de mujeres y niñas, focalizar la población objeto de los programas sociales en barrios marginados con pobreza extrema y ciudadanía vulnerable, en aquellos donde no hay acceso al agua potable o servicios sanitarios y mucho menos condiciones económicas que permitan la compra de elementos sanitarios, así también, herramientas legales y normativas para garantizar a las personas menstruantes una menstruación digna en contextos vulnerables.

Un llamado a las autoridades locales y departamentales para fortalecer la acción desde la política publica para el posicionamiento e intervención social del manejo de la higiene menstrual en los sectores más desfavorecidos, la educación pública y las áreas marginadas se servicios públicos de calidad.

Por: Naid Nuñez Castillo

Columnista de opinión

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