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Opinión

Uribismo y Centro Democrático sin Uribe

Martes, 1 de septiembre de 2020

Por: Laureano Tirado

Desde que la Corte Suprema de Justicia decidió sesgadamente privar de la libertad al expresidente Álvaro Uribe, de inmediato el país político comenzó a especular sobre la suerte del Uribismo. Para poder ponderar una opinión o análisis sobre el Uribismo es necesario distanciarse de afectos y odios que despierta la figura y el nombre de Álvaro Uribe.

Uribe caudillo

Álvaro Uribe es un caudillo. No existe precedente en la historia de Colombia de un presidente de la República que una vez finalizado su periodo constitucional siga activo en materia electoral, eligiendo y eligiéndose, fundador de su propio partido político, una de las bancadas más poderosas del Congreso de la República.

Uribe desde su primera candidatura presidencial demostró su peso y dimensión política al derrotar al establecimiento bogocentrista, al poderoso partido liberal, y desbaratar todos los esquemas y pronósticos políticos y electorales que se tenían hasta las elecciones del año 2002.

El gobierno de Álvaro Uribe le dio otra identidad a la figura presidencial a través de la implementación del diálogo directo del presidente con la comunidad. Hasta los municipios más desconocidos llegó el presidente Uribe con los famosos consejos comunitarios de gobierno, donde en jornadas de más de 12 horas el presidente y su equipo de gobierno escuchaban a líderes comunales, sociales, y al ciudadano de a pie. Esa vocación y dedicación para gobernar un país complejo y arisco le permitió ganar la confianza, respeto, apoyo de propios y extraños, lo cual, sumado a los altos porcentajes de aceptación y popularidad de su gobierno, permitió romper con la tradición de prohibir la reelección presidencial, la cual logró con un aplastante 62% de apoyo en las urnas en la primera vuelta presidencial (2006).

Sus conquistas políticas y electorales no terminaron con su gobierno. Álvaro Uribe se dio el lujo de ungir al insípido pero hábil Juan Manuel Santos como candidato y presidente de la República; en las elecciones del año 2004 apoyó al aguerrido pero ingenuo exministro Oscar Iván Zuluaga, quien de no haber sido víctima del hacker hubiera sido el ganador. Y cuando todos sentenciaban el final del Uribismo y la traición golpeaba con mayor rigor al expresidente Uribe, construyó con cautela y dedicación la candidatura presidencial del doctor Iván Duque, quien derrotó a sectores del propio Uribismo, venció en consulta interpartidista, y pulverizó el poder político y económico que había construido Juan Manuel Santos.

Uribismo

Álvaro Uribe lleva 20 años siendo el político más importante, influyente, y decisivo de Colombia. Su obra de gobierno y su legado político lo ubican en una silla tallada y especial en la historia de Colombia: eso es inmodificable. En el futuro se tendrá que hablar de Álvaro Uribe, no solo por sus ideas políticas, logros de gobierno, y conquistas electorales, también porque fue el primer político que transformó la forma de hacer política al haber hecho la transición de la plaza pública a las redes sociales.

Álvaro Uribe desde sus épocas de alcalde de Medellín asumió las banderas ideológicas de la seguridad, el orden, y la autoridad. Esas banderas alzadas en un país sitiado y tomado por grupos terroristas, criminales, guerrilleros, y paramilitares, le permitieron ganar con el tiempo respeto y admiración de militantes de los partidos tradicionales (Partido Conservador y Liberal), de industriales, empresarios, campesinos y lideres comunales, quienes comenzaron a migrar desde sus canteras políticas y posiciones empresariales para seguir al candidato presidencial que prometía impedir que el país cayera al abismo y fuera tomado por el anarquismo.

Estos hechos que acabo de recordar sumado a la incomparable capacidad que tiene el expresidente Uribe de leer, interpretar, y anticiparse a los hechos políticos y de Estado, fue forjando, edificando, agrupando, lo que conocemos como Uribismo. El Uribismo es ese sentimiento, adhesión, admiración, respeto, que profesamos millones de colombianos por Uribe, por su legado, por su obra, por su liderazgo, el cual no va a cambiar por un proceso construido en las cañerías de la Corte Suprema de Justicia por unos desconocidos, pero peligrosos magistrados, quienes, en asocio con el Senador Cepeda, la izquierda radical, las FARC, y sectores mafiosos del país, tiene hoy en secuestro político al expresidente Uribe.

Ahora, predecir el futuro del Uribismo en materia electoral es tema que depende de varios hechos y acciones que en primer lugar son responsabilidad, por ahora, del propio expresidente Álvaro Uribe, y que deberá tomar en los próximos meses, y de la acción y reacción política del Centro Democrático.

Centro Democrático

Otra de las cosas que debe quedar claro especialmente para los militantes, congresistas, diputados, concejales, y simpatizantes es que una cosa es el Uribismo, y otra el Centro Democrático.  El partido ha ganado espacios electorales, presencia, respeto y militancia, gracias al peso y significado que representa tener como candidato al propio Álvaro Uribe. Su participación como candidato al Senado en dos ocasiones le permitió tener como cuota inicial más de un millón de votos a la lista del partido lo que permitió en las elecciones congresionales del 2014 y 2018 elegir a 20 senadores y 32 representantes a la Cámara.

Pero cual será la suerte y el destino del Centro Democrático sin la presencia como candidato del expresidente Uribe.

Una de las decisiones a tomar por parte del partido es revisar y ajustar su plataforma ideológica y política para que además de representar el ideario político del Álvaro Uribe (seguridad democrática, confianza inversionista, y cohesión social), también represente y aglutine las aspiraciones de millones colombianos que se ven confundidos y refundidos entre los partidos políticos que fuera de repartir avales no representan ninguna identidad y sentimiento ideológico.

El Centro Democrático tendrá que definir con hechos si en verdad protege al empresario, al innovador, al emprendedor, proponiendo reducción de impuestos y flexibilización laboral para generar empleo como la mejor política social, lo demás es seguir profundizando la inequidad, el asistencialismo, y el populismo.

El Centro Democrático deberá asumir con mayor rigor y profundidad los problemas y soluciones de la vida urbana. El partido verde nos cogió ventaja liderando temas de ciudad lo que les ha permitido crecer electoralmente en ciudades capitales. El Centro Democrático sin abandonar los temas y defensa de la ruralidad y la propiedad de la tierra, debe transformar el discurso de la seguridad democrática para que sea el discurso de la seguridad urbana y ciudadana, para que la sociedad entienda que existe un partido político que le da prioridad a la protección de la vida y bienes de las personas que habitan en el barrio popular o en los sectores exclusivos.

También se debe promover políticas que ayuden a mejorar la calidad de vida en las ciudades proponiendo alternativas en la movilidad, implementado políticas que incentiven la vocación de propietarios en vivienda popular y de clase media, con equipamiento urbano, no vivienda gratis que alimenta la marginalidad en la periferia como lo hizo German Vargas Lleras.

Debe asumir con mayor claridad y sin miedo la importancia de la sostenibilidad ambiental, inversión extranjera, desarrollo minero energético, granjas urbanas, seguridad alimentaria. Debe seguir en la defensa de la vida y de la familia como principio fundamental del partido sin que los jóvenes sientan que se les esta limitando sus libertades.   

El Centro Democrático debe promover reformas estructurales que permita la implementación de la descentralización partiendo de regímenes departamentales y municipales modernos y actualizados que enruten la verdadera tarea constitucional y legal de gobernadores y alcaldes. Se debe promover la reducción del Estado burocrático no la reducción de la representación política.  

El Centro Democrático debe construir identidad que le permita sostener en el tiempo y en las urnas al Uribismo, a sus militantes, que le permita tener vida sin Uribe. Ese fue el propósito del expresidente, promover nuevos nombres, nuevos liderazgos, pero esos nombre y liderazgos no pueden ser copias burdas de Uribe.

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