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Laureano Tirado

Démosle forma a la reforma tributaria

22 de abril de 2021

Columna de opinión

No conozco la primera persona natural o jurídica que pague impuestos como deber, se pagan porque es una carga impositiva, ¡se paga o se paga! O se evade.

Cuando comenzó la pandemia no imaginé que a las pocas semanas estaríamos en confinamiento obligatorio, fueron meses difíciles, angustiantes, de reflexiones; una de ellas fue valorar junto a mi familia que en el momento más apocalíptico de la humanidad teníamos asegurado un ingreso fijo cuando millones de personas perdían sus empleos o ingresos derivados de actividades comerciales, profesionales, oficios, o informalidad.

En medio del confinamiento el gobierno nacional implementó políticas para mitigar las dificultades económicas que comenzaban a vivir los colombianos que dependen de labores diarias que les genera ingresos para cubrir los gastos mínimos de la canasta familiar. Ingreso Solidario fue una política innovadora y necesaria que beneficia a tres millones de personas que nunca habían sido receptores de programas sociales del Estado y que les llegó en el momento más crítico y cuando el confinamiento hacia sus estragos en sus frágiles ingresos.

Durante el año 2020 se giró 4,3 billones de pesos a los destinatarios de Ingreso Solidario: 4,3 billones de pesos que circularon en la cadena de consumo. Para los críticos de este programa se les olvida que, si una familia en condición de pobreza o vulnerabilidad tiene como comprar en la tienda, el tendero tendrá para pagarle al vendedor, y el vendedor tiene como comprarle al fabricante, y el fabricante finalmente tiene caja para preservar su empresa y empleos. Producción, distribución y consumo de bienes y servicios.  

Otra decisión del presidente Iván Duque, fue autorizar giros adicionales a los beneficiarios de los programas de Prosperidad Social -Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor- que al igual que Ingreso Solidario, permite preservar la cadena de consumo. El programa de apoyo al empleo formal PAEF a protegido a más de 4 millones de empleos con subsidios que apalanca el pago de nóminas y primas: este programa ha constado 6 billones de pesos.

No pretendo hacer una rendición de cuentas del gobierno nacional, sino compartir algunas de las medidas adoptadas por el Gobierno Nacional, para enfrentar la crisis económica que generó la pandemia y que nos tiene hoy en el debate de la necesaria reforma tributaria. No estoy defendiendo la reforma, estoy en la tarea de entender la reforma.

La reforma tributaria es necesaria en este momento porque estamos en el deber y la obligación de seguir financiado estos y otros programas sociales y de apoyo empresarial que nos permitirá salir de este momento calamitoso que padecemos. La reforma debe ser debatida con rigor y con la verdad. La reforma incorpora por primera vez un cambio estructural en la economía del país para lograr que el 49,7% de los colombianos fortalezcan su poder adquisitivo. Además, la reforma tiene un reto poderoso, sacar de la pobreza extrema a la mita de quienes la padecen: garantizándole también educación de calidad y gratuita.

Hablamos de equidad a toda hora, pero cuando se exige  aportes y sacrificios entre los que tienen para lograr equidad se arma el caos entre quienes exigen solidaridad y equidad en redes sociales.

Entiendo lo duro e injusto que es que nos graven con más impuestos en este momento; también entiendo que el camino ideal para generar desarrollo es con garantías jurídicas y tributarias para que más empresarios e inversionistas generen empleo; entiendo que la clase media queda en el peor de los mundos. Pero también entiendo que no tener caja para mantener los programas sociales sería entregarle abonada la tierra a quienes de verdad quieren incendiar el país como medio para acceder al poder.

Se deben eliminar de la reforma propuestas como la del IVA a los servicios públicos y los insumos agrícolas, también se debe revisar impuesto a pensiones.

Apagar el incendio con más gasolina no es el camino del hombre sensato. Proponer en medio de la tempestad que se vendan la velas del barco es absurdo y equivocado: la democracia representativa es un valor constitucional que no debe ser alterada por ahorrarnos unos pesos.

Pagar impuestos también es solidaridad: apliquémoslo en este momento de necesidad y tribulación.    

Por: @LaureanoTirado

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