28 de septiembre de 2026
Publicista, empresario y asesor en comunicación estratégica, Juan Camilo Galvis lleva más de doce años trabajando alrededor de marcas, audiencias e historias. Hace cerca de tres años una taza de café cambió su manera de entender uno de los productos más emblemáticos de Colombia. De esa curiosidad nació Coffee Lovers BGA: un proyecto que busca, prueba y selecciona cafés colombianos de especialidad para acercarlos al consumidor y, sobre todo, contar quién y qué existe detrás de cada taza.
¿Quién es Juan Camilo Galvis y cómo aparece el café en su vida?
Soy publicista y llevo más de doce años trabajando en comunicación estratégica. Mi carrera ha estado vinculada a entender audiencias, construir marcas, conectar personas y contar historias.
El café siempre estuvo presente. Siempre me gustó tomar un buen café y tuve acceso a propuestas muy interesantes, como Café Mesa de los Santos. Pero hace aproximadamente tres años sucedió algo que realmente cambió mi relación con el café.
Probé un café de Café Las Cruces, una finca en Pinchote, Santander, y esa taza me generó preguntas.
Ya no era simplemente decir: “qué café tan rico”. Quería entender por qué sabía así. ¿Qué variedad era? ¿Dónde se cultivaba? ¿Cómo se procesaba? ¿Por qué era tan diferente de lo que durante años había entendido como café?
Ahí fue cuando realmente conecté.
Y lo bonito es que recientemente Café Las Cruces abrió también en Bucaramanga. Entonces hoy puedo mirar hacia atrás y decir: esa fue una de las marcas que despertó mi curiosidad y ahora está ayudando también a ampliar la cultura de café de especialidad en nuestra ciudad.
¿Qué encontró cuando empezó a investigar?
Encontré una paradoja que me impactó mucho: somos uno de los países cafeteros más reconocidos del mundo, pero una gran parte de los colombianos crecimos sin probar los cafés extraordinarios que nuestro propio país produce.
Durante generaciones aprendimos que el café tenía que ser negro, fuerte y bastante amargo. Y si estaba demasiado amargo, le echábamos azúcar.
Eso se normalizó hasta tal punto que todavía escuchamos frases como: “el café me cae muy pesado”, “el café me produce acidez”, “me tomé un café y me dolió el estómago”.
Hay que ser responsables: no podemos decir que esas molestias significan automáticamente que una persona tomó un café malo o una pasilla. Hay muchos factores individuales y médicos involucrados.
Pero sí podemos preguntarnos algo: ¿por qué normalizamos que el café tuviera que saber tan amargo que necesitáramos ponerle azúcar para hacerlo agradable?
Ahí aparece la famosa “pasilla”. ¿Qué es realmente?
Es importante hablar de ella porque hace parte de nuestra historia cafetera.
La pasilla no es simplemente una palabra despectiva para decir “café malo”. Técnicamente se refiere a granos que presentan determinados defectos: negros, vinagres, brocados, partidos, astillados, entre otros.
Y aquí aparece algo históricamente muy interesante. Desde hace casi un siglo Colombia ya diferenciaba calidades destinadas al mercado. La legislación de 1931, por ejemplo, regulaba el café molido para consumo público cuando incorporaba calidades inferiores a los tipos corrientes destinados a exportación.
Eso ayuda a explicar una paradoja histórica: Colombia construyó una reputación mundial exportando grandes cafés mientras el consumidor colombiano no necesariamente tenía acceso cotidiano a esas mismas calidades.
Eso ha cambiado muchísimo y hoy tenemos una oferta de cafés de enorme calidad dentro del país, pero todavía queda una cultura por construir.
¿Y qué tiene que ver la tostión con eso?
Muchísimo.
Una tostión muy desarrollada lleva el café hacia sabores predominantemente tostados, amargos, ahumados o carbonizados y puede disminuir la expresión de características particulares del origen.
Por eso durante años muchas personas aprendieron a identificar “café fuerte” con “café bueno”.
Y yo tengo una frase que digo de manera provocadora: muchas veces no le echamos azúcar al café porque nos gustara el café dulce; se la echábamos porque necesitábamos hacer más agradable una taza excesivamente amarga.
Cuando pruebas un gran café correctamente procesado, tostado y preparado, ocurre algo completamente diferente.
Puedes encontrar dulzor, frutas, chocolate, caramelo, miel, flores, diferentes tipos de acidez y texturas.
Ahí entendí que el café era muchísimo más grande de lo que yo conocía.
¿Ese descubrimiento es el origen de Coffee Lovers BGA?
Totalmente.
Y hay algo que me encanta de la historia: Coffee Lovers BGA primero fue una conversación y después se convirtió en un negocio.
Yo quería encontrar personas en Santander que quisieran hablar de café. Probar, aprender, discutir, comparar variedades, conocer métodos.
Las redes sociales fueron fundamentales porque esa conversación empezó a crecer y además me permitieron acceder a productores, fincas y cafés que probablemente nunca habría conocido de otra manera.
Entonces apareció una segunda idea: si estoy encontrando cafés extraordinarios, ¿por qué no acercárselos directamente al consumidor?
Ahí comienza Coffee Lovers BGA como proyecto comercial.
Usted se presenta como “Specialty Coffee Selector”. ¿Qué significa?
Para mí es fundamental ser transparente con mi papel dentro de la cadena.
Yo no soy caficultor. No soy productor. Tampoco soy tostador.
Tengo muchísimo respeto por quienes llevan años y generaciones haciendo esos trabajos.
Mi papel es diferente.
Busco. Pruebo. Comparo. Pregunto. Investigo. Recibo muestras. Hablo con productores y proveedores. Comparo variedades, procesos y perfiles. Y finalmente selecciono.
Por eso me gusta definirme como Specialty Coffee Selector.
Coffee Lovers BGA funciona cada vez más como una curaduría.
No quiero comprar un café simplemente porque alguien me diga que tiene 90 puntos. El puntaje es una referencia importante, pero después tengo que probarlo.
El número puede llamar mi atención; la taza tiene que convencerme.
¿Qué cafés han pasado por Coffee Lovers BGA?
La evolución ha sido muy interesante porque mi paladar también ha ido cambiando.
Hemos trabajado mucho con Bourbon Rosado, una variedad que me gusta muchísimo.
Después empezamos a acceder a cafés más exóticos. Uno de los últimos fue un Wush Wush Natural de 89 puntos, procedente del Tolima, con notas de sandía, melón, frutas frescas y chocolate.
También hemos tenido un Geisha de 92 puntos.
Cuando pruebas cafés de ese nivel entiendes la enorme complejidad que puede existir dentro de una taza.
Pero tampoco quiero convertir Coffee Lovers BGA en una carrera por ver quién tiene el número más alto.
A veces puedo probar un café con un puntaje inferior y emocionarme mucho más.
Busco cafés que tengan algo que contar y algo que recordar.
¿Y qué encontraron ahora?
Aquí comienza uno de los capítulos que más me entusiasma.
Llegamos a Finca Las Flores, en Acevedo, Huila, y seleccionamos un Bourbon Rosado Lavado, cosecha 2026.
Es un café de 87 puntos, cultivado aproximadamente a 1.780 metros sobre el nivel del mar, con un proceso lavado, fermentación controlada y choque térmico.
En taza presenta naranja Valencia, vainilla y miel, con fragancia dulce, una taza limpia y jugosa y un final sedoso.
Pero lo que hace especialmente interesante esta selección es que ya no estoy mirando únicamente la variedad.
Estoy mirando café + productor + finca + proceso + historia + taza.
¿Por qué Finca Las Flores?
Porque es justamente el tipo de finca que quiero que conozca la comunidad de Coffee Lovers BGA.
Está ubicada en Acevedo, Huila, y su historia se remonta a 1990. Ha construido reconocimiento alrededor de sus cafés y ha tenido presencia en escenarios internacionales.
Entre los reconocimientos comunicados alrededor de los Global Coffee Awards 2026 aparecen varios resultados importantes para sus cafés: Gold para Pink Bourbon Espresso/Decaffeinated; Gold para Pink Bourbon Filter/Decaffeinated; Silver para Ópalo Filter/Geisha; Bronze para Las Flores Tinto Bourbon, Experimental Single Origin Espresso; además de una Honorable Mention.
Eso me emociona porque permite contarle al consumidor: “Esto no es solamente un Bourbon Rosado. Mira de dónde viene. Mira quién lo produjo. Mira lo que está sucediendo en esa finca”.
Y ahora tenemos la posibilidad de acercar uno de sus cafés a consumidores en Santander.
Eso es exactamente lo que quiero hacer con Coffee Lovers BGA.
Después de encontrar un café así, ¿qué tan importante es la tostión?
Determinante.
Puedes tener una materia prima extraordinaria y perder gran parte de su potencial con una mala tostión.
Por eso esta etapa la trabajo con Gonzalo Mancilla y Xeridas Coffees.
Gonzalo se presenta profesionalmente como Coffee Designer, Trainer SCA & CQI, Coffee Skills Diploma, Q Grader y Q Processing, además de contar con formación profesional y de posgrado. También está detrás de Xeridas Coffees y Santander Cafeology Institute.
Para mí tenerlo en este proceso es muy importante porque no quiero simplemente entregar un café y decir: “tuéstemelo”.
Quiero que podamos probar, conversar y definir qué queremos expresar.
La tostión no debería borrar la identidad del café.
Debe permitir que el trabajo que comenzó en la finca llegue de la mejor manera posible a la taza.
¿Siente que Bucaramanga está cambiando su manera de tomar café?
Sí, muchísimo. Y creo que estamos viviendo un momento muy interesante porque hay varios proyectos que, desde lugares completamente distintos, están construyendo una nueva cultura alrededor del café.
Quiero hacer una mención especial a Cafetopía, porque considero que ha sido uno de los pioneros de esta nueva conversación en Bucaramanga. Tiene además una ubicación privilegiada, con una vista extraordinaria sobre el Parque San Pío, uno de los lugares emblemáticos de nuestra ciudad. Más allá del espacio, ha ayudado a acercar al consumidor a los cafés de especialidad, los diferentes métodos de preparación y la posibilidad de sentarse a disfrutar el café como una experiencia.
También está Broncoffee, que me parece un caso fascinante, particularmente desde mi mirada como publicista y comunicador. Broncoffee entendió que para conquistar nuevos consumidores no necesariamente había que comenzar hablándoles de procesos, fermentaciones o puntajes. Construyó una marca muy desarrollada, con una identidad visual fuerte y una propuesta alrededor de bebidas de café contemporáneas: lattes, preparaciones frías y otras experiencias que conectan particularmente bien con públicos jóvenes.
Y logró algo que me parece muy importante: convertir el momento de tomar café en un nuevo ritual social. El lugar, la estética, la bebida, la fotografía y las redes sociales terminan siendo parte de una misma experiencia. Sus espacios se han convertido también en puntos de encuentro y en lugares que la gente quiere fotografiar y compartir.
Como comunicador, eso me parece extraordinariamente interesante porque demuestra que la cultura del café también se construye desde la marca y desde la experiencia, no solamente desde el producto.
Y hay un tercer caso que para mí tiene un componente profundamente personal: Café Las Cruces. Hace aproximadamente tres años fue precisamente uno de sus cafés el que cambió mi manera de entender una taza. Hoy Las Cruces tiene presencia en Bucaramanga. Entonces la misma propuesta que despertó mi curiosidad ahora está ayudando a que más personas de la ciudad tengan contacto directo con cafés de finca y de especialidad.
Por eso yo no veo estos proyectos simplemente como competencia. Cafetopía ha ayudado a abrir camino y a construir cultura; Broncoffee ha demostrado el poder de convertir el café en una experiencia contemporánea y una marca aspiracional; Café Las Cruces acerca la finca y el origen al consumidor; y Coffee Lovers BGA quiere aportar desde la búsqueda, la selección y la curaduría de cafés extraordinarios.
Son aproximaciones diferentes, pero todas ayudan a ampliar el mercado.
¿Entonces hay una nueva cultura del café en Bucaramanga?
Creo que sí, y apenas estamos comenzando.
Durante mucho tiempo el café fue fundamentalmente una bebida cotidiana. Hoy empieza a convertirse también en experiencia, conocimiento, origen, diseño, encuentro y estilo de vida.
Una persona puede entrar a este mundo porque quiere probar un filtrado extraordinario. Otra porque vio una bebida fría que le llamó la atención. Otra porque encontró un lugar espectacular frente al Parque San Pío. Y otra simplemente porque vio una foto en Instagram y quiso conocer el sitio.
No importa necesariamente cuál sea la puerta de entrada. Lo importante es que después esa persona empiece a preguntarse: ¿qué café estoy tomando?
No todo el mundo tiene que entrar al café de especialidad hablando de puntajes y fermentaciones. Algunos entrarán por una gran taza, otros por un latte frío, otros por un lugar extraordinario o por una marca que los representa. Lo importante es que entren y empiecen a descubrir el café.
¿Los considera competencia?
Yo los veo principalmente como parte de un ecosistema.
Claro que todos tenemos negocios y tenemos que vender. Pero estamos en un mercado en el que todavía existe muchísimo espacio para educar y desarrollar consumidores.
Entre más gente tome buen café, mejor para todos.
Si Cafetopía le enseña a alguien a tomar un filtrado, si Café Las Cruces logra que otra persona conozca un café de finca, si un barista le explica a alguien qué es un Bourbon Rosado y si Coffee Lovers BGA hace que una persona pruebe por primera vez un Wush Wush, todos estamos ampliando la cultura.
El verdadero desafío no es quitarnos clientes entre quienes estamos hablando de especialidad.
El desafío es lograr que más personas descubran que existe otro café.
¿Coffee Lovers BGA quiere convertirse en una cafetería?
No es mi obsesión.
Me interesa mucho más construir una marca de selección y descubrimiento.
No quiero estar obligado a tener veinte cafés permanentemente porque un catálogo diga que tengo que tenerlos.
Prefiero encontrar pequeñas cantidades de algo extraordinario y decir: “Encontramos esto. Pruébenlo mientras está disponible”.
Hoy puede ser un Wush Wush del Tolima.
Mañana un Bourbon Rosado de Las Flores.
Después puede aparecer un Geisha extraordinario de otra región.
No quiero estar amarrado a una finca ni a una variedad.
Quiero estar amarrado a la calidad.
¿Hay que saber mucho de café para disfrutar Coffee Lovers BGA?
Para nada.
A veces el café de especialidad comete el error de hablar solamente para expertos.
A mí me interesa exactamente lo contrario.
No tienes que saber qué significa una fermentación anaeróbica ni ser capaz de identificar quince notas sensoriales.
Empieza simplemente tomando una buena taza.
Después comienzas a notar diferencias.
“Este es más dulce”. “Este tiene una acidez que me gusta”. “Este me recuerda al chocolate”. “Este huele a frutas”.
Así se educa el paladar.
Eso fue exactamente lo que me pasó a mí.
¿Y qué hace cuando alguien le dice que siempre toma el café con azúcar?
Le digo una sola cosa: “Antes de echarle azúcar, pruébelo”.
No quiero evangelizar a nadie ni decirle cómo tiene que tomar su café.
Pero sí quiero darle la oportunidad de probarlo primero.
Ese momento me encanta porque algunas personas toman el primer sorbo y preguntan: “¿a este café le pusieron algo?”.
Cuando hablamos de naranja Valencia, vainilla, miel, sandía, chocolate o frutas no significa que agreguemos esos ingredientes.
Son descriptores sensoriales que podemos encontrar en la taza como resultado de una combinación enorme de factores: genética, territorio, maduración, procesamiento, fermentación, secado, tostión y preparación.
Cuando una persona entiende eso, comienza a mirar el café de otra manera.
¿Su experiencia en comunicación terminó siendo parte fundamental del proyecto?
Completamente.
Después entendí que Coffee Lovers BGA había unido dos cosas que me apasionan: descubrir grandes cafés y contar grandes historias.
Llevo más de doce años trabajando en comunicación estratégica. Y pocas industrias tienen tantas historias extraordinarias como el café.
Detrás de una bolsa hay familias, territorios, productores, años de conocimiento, variedades, cosechas, fermentaciones, experimentación, aciertos y errores.
El problema es que muchas veces toda esa historia desaparece cuando el producto llega al consumidor.
Yo quiero ayudar a recuperarla.
Por eso no quiero poner Coffee Lovers BGA por encima del productor.
Al contrario.
Mientras más crezca Coffee Lovers BGA, más quiero que sepamos quién produjo el café que estamos tomando.
¿Cuál es entonces el propósito de Coffee Lovers BGA?
Hay una frase que resume perfectamente lo que pienso:
Colombia le enseñó al mundo que podía producir cafés extraordinarios. Ahora nos falta que los colombianos descubramos los cafés extraordinarios que producimos.
Quiero que Coffee Lovers BGA se convierta en una plataforma de descubrimiento.
Que la gente no espere siempre la misma bolsa.
Quiero que pregunte: “¿Qué encontraron esta vez?”.
Y poder responder con una finca, una familia, una variedad y una historia diferentes.
¿Y qué sueña para el café en Bucaramanga y Santander?
Que seamos consumidores mucho más curiosos y exigentes.
Santander tiene historia y tradición cafetera. Tenemos productores, tostadores, cafeterías y profesionales con muchísimo conocimiento. Ahora necesitamos que cada vez más consumidores entren en esa conversación.
Me encantaría que preguntar por la finca, la variedad, el proceso o la fecha de tostión dejara de parecer algo exclusivo de expertos.
Que fuera normal.
Que pudiéramos tener una ciudad con una cultura de café mucho más profunda.
Y por eso celebro a quienes ya se la están jugando: cafeterías como Cafetopía, proyectos especializados, tostadores, baristas y la llegada de propuestas como Café Las Cruces a Bucaramanga.
Porque esto no lo construye una sola marca.
Se construye creando cultura.
¿Dónde quiere llevar Coffee Lovers BGA?
Quiero crecer, obviamente. Es una empresa y tiene que ser sostenible.
Quiero vender más, tener acceso a mejores lotes, construir relaciones cada vez más directas con las fincas y seguir encontrando cafés extraordinarios.
Pero no quiero que crecer signifique convertir Coffee Lovers BGA simplemente en otra marca de café.
Quiero conservar la curiosidad con la que comenzó.
Hace unos tres años probé una taza en Santander que me hizo preguntarme: “¿Por qué este café sabe tan diferente?”.
Esa pregunta me llevó a estudiar, probar, equivocarme, comparar, conocer personas y finalmente crear Coffee Lovers BGA.
Y entre más aprendo de café, más entiendo todo lo que todavía me falta por aprender.
Eso es precisamente lo emocionante.
Soy un comunicador que se enamoró del café y convirtió esa curiosidad en una selección.
Y si mañana alguien prueba uno de nuestros cafés, se sorprende y empieza a hacerse las mismas preguntas que yo me hice aquella vez, entonces Coffee Lovers BGA está cumpliendo su propósito.
“No quiero simplemente vender una bolsa de café. Quiero que alguien la abra, prepare una taza y descubra que el café colombiano podía saber así”.





























