Los Matachines son una de las expresiones culturales y festivas más singulares y queridas del área metropolitana de Bucaramanga y, por extensión, de la cultura santandereana. Estos personajes, cuyo origen se remonta a una adaptación de tradiciones boyacenses, se establecieron en la región a partir de 1963, concretamente en el barrio La Cumbre de Floridablanca. Su aparición marca el inicio de la alegría y el jolgorio en las calles durante la época de la Navidad y Año Nuevo. Son fácilmente identificables por sus máscaras grotescas (hechas a menudo de madera o cartón), sus trajes confeccionados con tiras de tela de colores vibrantes y, lo más característico, la bomba (originalmente una vejiga de res inflada y atada a un palo) que portan para “jugar” con la gente.
La tradición de los Matachines se centra en un juego social y carnavalesco. Durante sus recorridos por los barrios, estos personajes interactúan con los transeúntes en una persecución lúdica y alegre. El Matachín persigue a quienes lo retan o se burlan, y si la persona es alcanzada, el personaje la “golpea” suavemente con su bomba. Históricamente, la persona que era alcanzada por la bomba debía ofrecer una moneda al Matachín a modo de “rescate” o pago para continuar el juego. Este intercambio no es solo una transacción económica, sino un ritual de participación que disuelve las barreras sociales y permite un momento de teatro callejero espontáneo y lleno de humor, que es vital para la cohesión comunitaria durante las festividades.
La relevancia cultural de los Matachines en Santander va más allá del simple entretenimiento. Son un elemento de identidad que distingue las celebraciones decembrinas de la región. La tradición ha sido preservada y promovida por familias y organizaciones, como la Corporación Matachines Nueva Generación, que luchan por mantener su autenticidad frente a la modernidad. Representan un valioso patrimonio inmaterial, pues encarnan la picardía, la alegría y el espíritu festivo del pueblo santandereano, ofreciendo un contrapunto a las celebraciones navideñas más formales. Su existencia es un testimonio vivo de cómo las costumbres se arraigan, se adaptan y se convierten en símbolos regionales.
Los Matachines son mucho más que un simple disfraz; son los guardianes de una memoria histórica y cultural en Santander. Su irrupción anual en el paisaje urbano es un recordatorio de la importancia de conservar las tradiciones populares y el folclor local. Al convocar a niños y adultos a participar en su ancestral juego, aseguran la transmisión intergeneracional de esta costumbre. Por lo tanto, los Matachines de Bucaramanga y Floridablanca son un símbolo festivo ineludible, una pieza fundamental que colorea y define la identidad de la gran celebración de fin de año en el corazón del departamento de Santander.
