El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció públicamente que su país está listo para comenzar la exportación de gas natural a Colombia, declarando que solo estarían “esperando por el Gobierno de Colombia”. Este anuncio, hecho a través de sus redes sociales, sugiere que existiría un acuerdo avanzado y que la ballesta está en el tejado colombiano para que el intercambio comercial de este recurso energético pueda iniciarse. La afirmación fue presentada como un paso concreto dentro de los esfuerzos de re integración económica entre las dos naciones.
Sin embargo está en duda la veracidad y factibilidad de esta declaración, señalando una clara desconexión entre el anuncio político y la realidad operativa y legal. Por un lado, la infraestructura necesaria para tal empresa, específicamente el gasoducto que conecta a ambos países (conocido como Antonio Ricaurte), se encuentra actualmente inoperable. Reportes indican que una estación compresora del lado venezolano está dañada, lo que imposibilita el flujo de gas.
Además, existen serios obstáculos regulatorios y de mercado. Para que Colombia importe gas de Venezuela, se necesitaría un contrato comercial entre las empresas de energía de ambos países y la aprobación de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) en Colombia. Hasta la fecha, no se ha presentado ninguna solicitud formal ante este organismo, lo que hace que el anuncio de Maduro parezca, en el mejor de los casos, prematuro.
Frente a esta inviabilidad, Colombia se ha visto obligada a buscar proveedores alternativos y confiables para asegurar su abastecimiento de gas en el mediano plazo. En este contexto, países como Qatar y Rusia, que poseen las mayores reservas de gas natural del mundo y una robusta capacidad de exportación mediante buques metaneros (GNL), emergen como opciones reales y ya contempladas en la estrategia energética nacional. A diferencia del anuncio venezolano, los suministros desde estas naciones no dependen de gasoductos terrestres y se rigen por contratos internacionales estandarizados, ofreciendo una solución más inmediata y predecible para las necesidades colombianas.
El anuncio de Maduro es interpretado más como una jugada política que como un reporte de una realidad comercial inminente. Mientras Venezuela podría estar buscando proyectar una imagen de normalidad y capacidad exportadora, la evidencia técnica y regulatoria muestra que no hay condiciones para que el gas fluya hacia Colombia a corto plazo. La declaración, por lo tanto, genera más interrogantes que certezas sobre la viabilidad real de este proyecto energético bilateral.
