La Selección Colombia vive su mejor momento en décadas bajo la dirección de Néstor Lorenzo. El equipo lleva ya cuatro partidos sin conocer la derrota, con un fútbol vistoso, sólido y, sobre todo, efectivo. En esta racha sobresalen dos goleadas contundentes: la reciente 3-0 ante Australia y, especialmente, el histórico 4-1 propinado a México en Los Ángeles, un resultado que sacudió al continente y demostró que esta Tricolor está lista para medirse de tú a tú con cualquier potencia. Estos triunfos no son aislados; son la consecuencia de un proyecto que ha encontrado su identidad y que ilusiona como pocos en la historia reciente del fútbol colombiano.
El punto más alto de esta era Lorenzo llegó hace pocos meses, cuando Colombia alcanzó la final de la Copa América 2024 y solo cayó 1-0 en la prórroga ante Argentina, la vigente campeona del mundo. Quedar subcampeones después de eliminar a Uruguay en semifinales y de dejar en el camino a Brasil en cuartos le dio a este grupo una madurez competitiva incalculable. Ese subcampeonato no fue un techo, sino un piso: desde entonces, Colombia no ha vuelto a perder y ha elevado aún más su nivel, como quedó demostrado en la paliza a México y en la solvencia mostrada frente a Australia.
Néstor Lorenzo ha logrado lo que parecía imposible hace apenas dos años: unir a una generación dorada bajo un estilo claro de posesión, presión alta y transiciones rápidas. Jugadores como Luis Díaz, James Rodríguez y Jhon Córdoba y viven su mejor versión, mientras la defensa, liderada por Davinson Sánchez, Santiago Arias, Johan Mojica y Yerry Mina, se ha convertido en un muro casi infranqueable. El argentino no solo ha potenciado individualidades; ha creado un equipo que juega de memoria y que transmite la sensación de que puede ganar a cualquiera, en cualquier cancha.
Con la Eliminatoria Sudamericana en marcha y el Mundial 2026 cada vez más cerca, Colombia ya no solo sueña con clasificar: sueña con ganarlo todo. El segundo lugar en la Copa América ante la campeona mundial y esta racha invicta con goleadas ante México y Australia son la prueba de que esta generación está lista para romper la historia. Por primera vez en mucho tiempo, el país entero siente que el primer título mundial no es una utopía, sino una meta alcanzable. Bajo el mando de Lorenzo, la Tricolor está más viva que nunca.