Paloma Valencia emerge como la candidata estratégica del expresidente Álvaro Uribe para representar a la centro-derecha en las elecciones presidenciales de 2026, al ser seleccionada por el Centro Democrático tras un proceso interno democrático que la posicionó por encima de otras figuras destacadas. Su elección no es casual: combina la lealtad al legado uribista de seguridad democrática y libertad económica con un perfil moderado, preparado académicamente —abogada, filósofa y con estudios en economía— y una trayectoria legislativa de más de una década enfocada en soluciones prácticas, como la promoción de la panela, incentivos a pequeños negocios y protección ambiental. Uribe la ha calificado como una líder “intachable” y “curtida en su juventud”, capaz de generar confianza en nuevas generaciones, mientras que analistas destacan su apuesta por el diálogo y la moderación, similar a la que llevó a Iván Duque al poder en 2018, para unir a un sector fragmentado y ofrecer una alternativa seria frente a los desafíos actuales del país.
En términos de votos, Paloma Valencia tiene el potencial de atraer un espectro amplio que va más allá del uribismo tradicional. Consolidará la base sólida de la derecha con énfasis en seguridad, orden y economía libre, pero su discurso inclusivo —que incorpora temas como medio ambiente, sistemas de cuidado y reducción de desigualdad— puede captar votantes del centro desencantados con la polarización, e incluso sectores moderados de izquierda preocupados por la institucionalidad y la democracia. Su apertura a alianzas con figuras como Sergio Fajardo, a quien ha elogiado como “inteligente y capaz”, facilita coaliciones amplias en consultas interpartidistas de marzo de 2026, atrayendo a independientes y urbanos que buscan estabilidad sin extremismos. Este enfoque pragmático no solo unifica a la oposición, sino que amplía su alcance en un país cansado de divisiones, posicionándola como una opción viable para quienes priorizan resultados concretos sobre ideologías rígidas.
El potencial de Paloma Valencia para convertirse en la primera mujer presidenta de Colombia es real y transformador. En un nación donde las mujeres han liderado avances sociales y políticos sin aún llegar a la Presidencia, su candidatura representa un hito histórico de equidad de género, rompiendo techos de cristal y enviando un mensaje poderoso de inclusión. Su experiencia como senadora reelegida tres veces, su integridad reconocida —sin manchas de corrupción, como destaca Uribe— y su visión de un país con “ingresos dignos” y soluciones a problemas como la salud y la inseguridad, la convierten en una líder capaz de inspirar a mujeres, jóvenes y familias de todos los sectores. Ser la primera presidenta no sería solo un símbolo, sino una garantía de gobernanza empática y efectiva, priorizando el bienestar colectivo en tiempos de incertidumbre.
Colombia necesita hoy más que nunca un liderazgo unificador, ético y preparado para superar la polarización y construir un futuro próspero. Paloma Valencia, respaldada por Uribe y con un proyecto colectivo, ofrece precisamente eso: una centro-derecha renovada que defiende la democracia, la libertad y el progreso social sin exclusiones. Independientemente de inclinaciones políticas, su candidatura invita a reflexionar sobre una presidencia que ponga al país por encima de todo, atrayendo votos de quienes creen en instituciones fuertes, oportunidades para todos y un cambio positivo liderado por una mujer capaz. Es hora de apostar por esa visión compartida de una Colombia mejor.
































